Hay una interesante mística eufórica en ir a bailar. Es como un momento de celebrar la libertad, la que nunca se puede tener en este mundo tan lleno de cadenas. Siendo particularmente mala para el baile, yo descubro que con la música correcta, mi cuerpo también es capaz de entregarse a espasmos que generan felicidad. Generalmente, la frase verbal "ir a bailar", en mi mundo implica un espacio abierto, de naturaleza. Donde podemos bailar descalzos, donde cada vez que abrimos los ojos vemos el cielo azul sobre nosotros. Donde la brisa y el sol no entibian el alma.
Pero los humanos, como siempre, transformamos estos rituales en los mas burdos actos de brutalidad que jamás yo haya visto. La intensa humareda (de la máquina y de los cigarrillos), la violencia de la gente, el sobreprecio del agua mineral (no hablo del alcohol, hablo del agua que todos los seres humanos necesitamos para vivir), las luces enceguecedoras, el patovica empujándote a la salida.
El exceso de drogas en el cuerpo de la gente, que les infla las pupilas y les induce una rabia monstruosa por el simple hecho de que la mañana llegó y la música cesó.
La pasé divino, bailé hasta que me dieron las piernas (no tenía ningún truco en mi manga que me diera la energía que ellos poseían) y la música me encantó. Me conformo con esas premisas cumplidas para que yo me divierta en ir a bailar: música que me agrada, gente agradable a mi alrededor, hidratantes.
Pero siendo cínica, me siento ajena al resto de la gente parada alrededor mío, yo estoy en mi propio trance. Acá en Buenos Aires, ir a bailar implica drogarse y alcoholizarse desenfrenadamente, restregarse unos a otros en una intensa búsqueda de sentimientos, de vida, y comerse a besos al amigo de turno, perdidos en el frenesí de los estupefacientes y las bebidas.
Eran las 7 de la mañana, y mis compañeros querían seguir bailando, pues la dosis que habían consumido les estaba sobrando en el cuerpo.
Ir a bailar es mucho más lindo que lo que están haciendo, chicos. Y todo tiene que ver a que atropellan el límite del exceso.
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