Quizás nunca elabore un juicio objetivo sobre mí misma, porque sea cual sea el encuentro furtivo que tengo con las distintas personas en este mundo, hay un sentimiento enorme, intenso, incontrolable, más poderoso que cualquier armar existente en el mundo. Ha sido motivo de libros y ha motivado la vida de las personas durante años, y aunque yo siempre supe que mi gran don era sentir más allá de lo que una persona puede sentir, me sorprendió llegar a la conclusión de que si hay algo que yo tengo a montones, es instinto maternal. Quizás nació del mismo vientre de mi madre, que también posee un instinto maternal incontenible. Quizás nació de mi relación con mi hermano menor. Quizás afloró con la muerte.
Probablemente siempre estuvo ahí. No hace falta que sea una criatura para que este sentimiento nazca. Cualquier persona (incluso las que más daño me han hecho) puede despertar mi instinto si está en necesidad. He contenido en mis pequeños brazos (que tratan de emular un poder superior) desde pequeños animalitos hasta los hombres más grandes y duros que he conocido.
Para una persona ambiciosa, es un don totalmente inútil. Soy incapaz de cuidar solo mi espalda. Es más, hasta las personas alrededor mío han admitido que me es más fácil proteger la integridad de otras personas que la mía propia, que cuando alguien está en peligro, me nace un coraje y un poder que por mí no despertaría. No sé, nunca voy a saber, si es bueno o malo preocuparse tanto por los demás.
Pero es quién soy. Y es quizás la clave para arreglar este mundo sea esa: velar siempre por la seguridad del otro, poner las necesidades de los demás por sobre los deseos egoístas.
Quizás yo si pudiera hacer cosas increíbles, preocupándome y amando a los demás.
Porque, como si los hubiera llevado en mi propio vientre, los siento respirar, siento sus corazones latiendo, y no puedo, no puedo voltear la cabeza como si nada sucediera.
Aunque me costara mi propia integridad, mi salud mental.
Una lección sin dolor no tiene sentido.
Eso es porque no se puede dar algo, sin sacrificar algo a cambio.
Sin embargo, una vez que hayas soportado el dolor y lo hayas superado, ganarás un corazón que es más fuerte que todo lo demás.
Así es...
Un corazón de acero...
(O quizás debería estar estudiando Griego en vez de filosofar acerca de lo genial que soy...)
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