viernes, 11 de marzo de 2016

¿Qué puede llegar a pasar si me encontrás?
Sabés que nunca me fui
Que sigo estando acá
Las mismas lágrimas secas
Que tanto disfrutaste mirar
La única manera
De que mi voz brille en escena
Es exponiéndome a la realidad
Mi alma desnuda
Atravesada por las luces cálidas
Y entre los espectadores
Sé que te voy a encontrar
Pero sigo estando acá
Cegada, arriba del escenario
El éxtasis me embriaga
Voy a tener que mostrarlo todo
Vas a empezar a ser irrelevante
Porque a todos, incluido vos
Les voy a mostrar lo brillante
Lo deslumbrante y grácil que puede ser
Mi ser expresándose en todo su esplendor
Superando ya sin miedo

Todo el dolor.

sábado, 5 de marzo de 2016

8 de marzo

Nunca me gustaron las etiquetas. Categorizarme para mí implicaba dejar de ser algo y atarme a una clasificación que quizás no podría seguir. Me cuesta mucho, al punto que voy intercalando mis dos apellidos y mis nombres según como me sienta en ese momento. Cambio de estilo, cambio de pelo, cambio de gustos y regreso a ellos. En síntesis, soy todas esas cosas, pero a la vez no soy ninguna de ellas en esencia. Me siento parte de ellas y siento que ellas son parte de mí, pero me incomoda el concepto de categoría cerrada de la cual no se puede salir. Creo, al mejor estilo del enfoque cognitivo prototípico defendido por Borzi, que las categorías se superponen, se mezclan, y si bien hay "mejores ejemplos", completamente válidos, yo no soy (no puedo ser) uno de ellos. Porque yo siento curiosidad por todo (incluso las cosas más oscuras de la vida) y siento que atándome a una me estoy perdiendo de la posibilidad de experimentar con otras.
No podría decirme heterosexual, porque me gustan algunas mujeres. Pero aún así prefiero a los hombres.
No podría decirme gamer, porque a veces no tengo ganas de jugar. Pero aún así adoro perderme un par de horas frente a la pc con algún rpg.
No podría decirme académica, porque no sé bien qué sucede en Puan. Pero perderme entre los libros o flashear con un profesor me hace feliz.
No podría decirme mapuche, porque pocos recuerdos tengo de esa cultura. Pero aún así me gusta leer sus historias y me veo en mis antepasados.
No podría decirme italiana, porque más que nada soy argentina y esos son mis colores. Pero gesticulo como italiana, hablo italiano como italiana y cada vez que veo algo italiano lo siento mío también.

No podría decirme feminista, porque siento que todavía no conozco lo suficiente, y recurro a veces a los micro-machismos.
Pero siento que es absolutamente necesario que el movimiento exista, que se manifieste, que tanto hombres como mujeres reconozcan la opresión a la que están sometidos y se rebelen. Que se dejen de matar mujeres solo porque son mujeres, que se deje de transformar a los hombres en discapacitados emocionales, que podamos elegir si queremos o no parir, que el hombre pueda disfrutar de la paternidad también, y muchos otros etcéteras.

Mi camino de educación hacia el feminismo comenzó por el consejo de una de las personas que más quiero en el mundo, que un día me abrió los ojos y me mostró que yo no tenía porque ser infeliz por hacer las cosas que me gustaban (y disfrutarlas).

No sé si estoy 100% de acuerdo con todo, sé que hay mucho por debatir, y concuerdo un poco con mi mamá de que los movimientos individuales nos distraen de la realidad superior (este sistema capitalista que nos somete a la voluntad de unos pocos) pero también creo que son los pequeños pasitos de bebé los únicos que nos van a ayudar a terminar de abrir los ojos y, al mejor estilo Matrix, rebelarnos de esta realidad fabricada para que seamos infelices.

Por eso quiero marchar, apoyar, educarme a mí y ayudar a otros a abrir los ojos, como mi hermosa amiga me ayudo a mí.

Porque si me hubiera quedado creyendo en la heteronormatividad, habría sido profundamente infeliz. Y ahora me siento un poquito más libre, un poquito más feliz.