Hace varios días que quiero escribir sobre esta situación que me destruyó el alma. El fracaso no es algo aceptado en mi familia, y menos por mí, una persona que se creía capaz de todo. Pero aquí está, mirándome fijamente, con sus ojos clavados en mi alma y con su mano destruyendo mi autoestima muy lentamente. Creí que me destruiría y que a partir de ahí sería inútil, totalmente incompetente.
Pero después algo llegó, algo único y raro, algo nuevo, algo feliz. Una oportunidad de pedir perdón.
Hay una cicatriz en mí que permanecerá allí por los siglos de los siglos. Los amigos que perdí, el dolor que me causé y los horrores que cometí me perseguirán como fantasmas en la noche. Pero ahí estaba Asphix, un amigo que creí perdido, parado frente a mí, festejado una derrota (como yo) y pidiéndome perdón por no haberme pedido perdón antes.
Y me sentí feliz, presa de una felicidad que superaba cualquier escala.
Y creí en el karma, todo lo bueno volvió.