sábado, 29 de junio de 2013

Otra vez

No sé si quiero escribir al respecto. Lo que si quisiera, es entender. Me da igual tu rutina, no te quiero para mí. No tengo ganas de besarte, nada de eso me atrae de ti. No quiero tu cuerpo, no quiero tu angustia, no quiero tus besos en las esquinas oscuras. ¿Por qué querría algo de eso? No. No estamos hablando de eso.
Pero... No sé. No entiendo. Quiero saber que estas bien, quiero que me hables con respeto, quiero que no te enojes conmigo. Quiero que confíes en mí.
Eso suele suceder en las amistades, ¿Verdad?
Pero será que no podemos tener eso porque compartimos un (frío y triste) pasado, ¿Verdad?
Y al fin de cuenta. Aunque yo cierre la puerta, vos vas a tocar el timbre igual, ¿Verdad?
Si no te gusta, o te molesta, ¿Por qué después buscas acercarte a mi?
Pero yo no quiero un amigo así, que tira y afloja, que me ignora o me adora.
Que me abraza o me odia.
No quiero seguir a mi instinto maternal que te quiere cuidar.
No puedo seguir recibiendo los golpes en silencio.
No pretendo seguir agachando la cabeza cada vez que algo no te ha de agradar.

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