Tu piel es suave cual seda blanca apoyada delicadamente sobre mi cuerpo, tus manos son rápidas, certeras asesinas de mi razón. Pero lo que me destruye es tu boca, por donde salen tantas palabras deliciosas, y autora de tantos besos inolvidables. Te rogaría que te quedaras todo el día enredado en mis piernas, y poder reírnos del mundo al cual estamos destruyendo.
Todo se siente tan bien, que es imposible concluir que horrores nacerán. Pero tanto vos como yo sabemos que hay muchas cosas en juego y nuestro sublime roce pesa muchísimo menos que tantas cosas que podríamos perder.
Por eso te ruego, ya que he fracaso una vez más en la cama, que desistas.
No reincidas en mí, no hay nada que yo tenga para ofrecerte, no hay comodidad que equipare todo lo que vos podrías perder. Yo voy a arder en el infierno por mis decisiones precipitadas, pero todo lo que esta en juego en tu vida es lo que más me duele.
Por eso te ruego.
Ya que he fracasado una vez más en el amor.
Que no reincidas en mí, recordemos la última canción, donde tu risa se mezcló con unas caricias que aún ahora me causan escalofríos. Y borremos todo sentimiento lindo que pudo haber nacido.
Solo no reincidas en mí. Olvídate de la química que brotó. Porque aún así he fracasado.
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