domingo, 4 de noviembre de 2012

Adicta

Tu apodo es la droga que vuelve a la gente loca, que saca a los esquizofrenicos de sus casillas, que exalta los sentidos, que mutila la conciencia, que absorbe la realidad hasta desaparecer. Te llamas como la lluvia que cae sobre los desesperados, como la línea del placer ilegal, como la sonrisa del que tiene la nariz enrojecida.
Sos como el narcótico que cobra vidas a diario, como el brazo de la muerte que los arrulla en su abstinencia, como la alucinación de un oasis perfecto, como una succubus chupándote la sangre.
Sos mi cocaína, quiero aspirarte lentamente hasta perderme, quiero que me engullas como una presa fácil, quiero vibrar de excitación por tu textura, quiero recorrerte delicadamente hasta que me lloren los ojos y mi alma se desangre del placer inexplicable que me produce tu presencia.
Quiero que me consumas como la mecha de una dinamita y volar en mil pedazos, no ser ya más nada. Perderme inexorablemente en tu silueta en tu dulzura. Ser presa total de la histeria y morirme en tus brazos. Despertar y gozar hasta que se acabe el efecto de tu desenfrenada fantasía.

Pero he de sucumbir antes que eso pase.

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