Siempre acepte los cambios como algo bueno, sin pensar demasiado en la posibilidad de estar peor que al principio. La emoción me llenaba los bolsillos y no hay lugar para dudar cuando desbordas de sentimientos positivos.
Lamentablemente hoy no es así: estoy cansada y me duele todo, sé que el esfuerzo será mucho y sé que será desgarrador. También sé que la única opción viable es cambiar, y el no tener la certeza de que estoy decidiendo por mi cuenta me hace sufrir aún más este cambio. Será lento y llevará mucho tiempo, mientras tanto otras cosas van a pasar y seguiré sumando retrasos, y no estoy segura de estar a gusto en un nuevo lugar.
Pero si me tengo que ir, porque ya es imposible conciliar, y voy a sufrir y llorar y lamentarme, al menos quisiera poder mantener mi identidad. Al menos me gustaría que mi casa se siga llamando igual, aunque sea otra. Si todo va a cambiar alrededor mío, quiero que no cambie mi geografía, en este lugar experimenté los primeros atisbos de sincera felicidad, y quiero seguir creciendo en este mismo lugar, con el mismo tren cruzando, con el bullicio que ya es mío, ir al mismo supermercado de siempre, visitar la feria, caminar por las mismas veredas.
Si voy a tener que vagabundear por las calles buscando un nuevo hogar, que al menos ese hogar sea, como siempre fue, Hidalgo.
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