El pelo le llueve e inunda sus hombros
Una cortina de oro suave
Cuyo aroma a flores intoxica
Sus ojos claros, de mirada triste
Esconden una inocencia atrapante
Y con movimientos suaves
Sus delgados dedos cortan trocitos de pan
Come como pajarito, por sentirse en sobrepeso
Despreciando su cuerpo por no ser perfecto.
Está sentada frente a mí
Lamentandose por el amor no correspondido
Pero yo no puedo prestarle demasiada atención
Porque en sus rubias pestañitas atascan las lágrimas
Demasiado orgullosa para partir en llanto
Pobre Camila, como una niña
Llena de ternura, de amor, de buena intención
Pero como en 26 años no ha resuelto su vida
No puede dejar de sentirse desdichada.
Sin autoestima, sin un título y abandonada
Presa del somatismo, tomando antidepresivos
Siente que ya no le quedan caminos,
Y yo
Que no puedo dejar de mirarla
Pienso en la delicia de acurrucarla en mis brazos
Todo el amor que le podría dar
Pero no tengo la fuerza para confesarle
Que cuando ella me abraza,
No cualquiera, ella,
Camila,
sonrisa tímida
tez blanca, gestos delicados
Se me disparan las pulsaciones
Y no puedo evitar sentir
Que podría hacerla feliz.
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