Lee y cose en su tiempo libre, hace rato que no juega videojuegos.
Hace rato que algo cambió.
Y cada vez que está cansada, cada vez que el peso de las máquinas del gimnasio la detiene, ella recuerda.
Y cada vez que está cansada, cada vez que el peso de las máquinas del gimnasio la detiene, ella recuerda.
Recuerda que la rechazaron, recuerda la humillación. Miles de imágenes reaparecen frente a ella y los ojos se le humedecen. Entonces hace más fuerza, se levanta más temprano, camina más rápido. Y las lágrimas se secan, sin ni siquiera brotar.
Y cada vez que lo ve, cada vez que el se ríe de ella. Cada vez que siente el fracaso absorbiéndola, ella cose con más énfasis, lee con más pasión. Ríe con más fuerza.
Y cada vez que lo ve, cada vez que el se ríe de ella. Cada vez que siente el fracaso absorbiéndola, ella cose con más énfasis, lee con más pasión. Ríe con más fuerza.
Se sintió fea, devaluada, patética, sucia, enferma. Se arrepintió y la tristeza la avasalló. Pero no se dejó vencer. Hoy hay una fuerza superior que no le permite decaer, que seca sus lágrimas apenas asoman, que le infla el pecho, que le dibuja la sonrisa. Que le da fuerza para levantar las mancuernas, para leer los apuntes, para abrir los ojos cada día.
Sabe que es la única manera, que solo así, y poco a poco, la tristeza se ira borrando de su corazón.
Las heridas duelen lo mismo que antes, las cicatrices no sanan y la sangre sigue brotando. Es lo mismo de siempre, la que cambió fue ella.
No se deja más tirar abajo
Ella es
Imparable.
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