martes, 12 de marzo de 2013

Todas las pesadillas

Después de lavar con lágrimas el rechazo, no puedo dejar de pensar en lo inconclusa que mi vida será sin amor, sin calor. Necesito un hombre a mi lado. Pero no cualquiera. Y ahí es donde entran miles de exigencias que no puedo alcanzar, porque yo me siento insignificante. No tengo nada que ofrecer.
Y hoy, las pesadillas tocaron a mi puerta de nuevo, me llenaron la cama de miedo y el cuerpo se me paralizó. Un halo congelado me rodeó y mientras mi piel cosquilleaba y se me erizaba el cabello, solo el miedo me hacía despertar.
-Basta
Basta. Eso era todo lo que podía decir. Basta de juegos de cuarta, basta de conformarme con poco, basta de eludir el rechazo. Basta de correr riesgos innecesarios.
Todas las pesadillas, de nuevo, resumidas en mi corazón, arrancándome la tranquilidad que tanto me había costado conseguir.
Todas las pesadillas, reencarnadas en la realidad, llenas de horrores, tocando mis puertas, forzando la entrada, tirándome al suelo. Robándome la esperanza. Tanto me había costado, después de este último año, recobrar las fuerzas para respirar, para no ahogarme en el mar. Y como muertos que se levantan de la tumba, todas las pesadillas vuelven, peor que en mis sueños.
Porque son reales.

Por eso grito y lloro basta.

Porque esto tiene que parar.

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