Sí, hoy es uno de esos días que sabés que pase lo que pase, nada va a salir bien. Pensás que lo mejor sería quedarte en la cama tapada hasta las narices y dormir, o llorar, o quizás estudiar.
Pero este es otro día como cualquiera, y por más que yo haga esfuerzo por convencerme que cualquier día podés parar tu reloj biológico y arrancar tranqui la próxima vez, no son así las cosas. El mundo sigue girando y poco le importa dejarte atrás si perdés el ritmo. Por eso me aguanto las ganas de llorar y de tripas corazón sigo.
Yo sé que soy especial, o al menos me he convencido a mi misma me de eso. Lucho todos los días por ser esa chispa de brillo fantástico que hace que la gente se detenga, trato de ser ese algo que llama la atención, mentiría si dijera que es un acto reflejo, pero he llegado a amar lo que soy.
Quiero sonreír hoy como todos los días, pero al mismo tiempo quiero alzarme con mi ira y aplastar toda esta maldad que veo en el mundo.
Hay que aguantar.
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