Para no tener que mirarte a los ojos
Cuando nos separamos del abrazo
Cuando tu rostro se esconde detrás
De las fuertes puertas del ascensor
Mientras pretendo no perder el control
Mientras en el fondo de mi gastritis
Me encantaría estar muerta.
Ojalá no mandaras más mensajes
Para olvidarte con premura
Encamarse al nuevo gilún de turno
Que me deja fingir sin censura
Y me ayuda a dormir sin la necesidad imperiosa
De una flor milagrosa
Que me vuelva el sueño negro
Sin imágenes, pensando con excitación
Que así es estar muerto.
Ojalá no me hablarás más de ella
Porque la sonrisa de comprensión no me dura
Quiero ser tu amiga, de verdad lo intento
Pero nuestros labios se besaron una vez
Y aunque no me acuerdo ya de nada de eso
Pienso que seríamos muy felices juntos
Lamiéndonos heridas que todavía sangran
Y así yo no pensaría tanto tiempo
En autores que pasan a la posteridad
Siempre después de muertos.
Ojalá no hubieras vuelto a Buenos Aires
A visitar a nuestros amigos
Que ya no me contestan los mensajes
Dejaras de forzar que estemos solos
Y recordarme aquel glorioso momento de extásis
Que por lo menos jamás olvidaré
Mientras ahora me condenas a sufrir
Cara a cara junto a vos
Mientras me esquivas la mirada
Deseando que en ese boliche humillante
Me hubiese llevado la muerte.
Acostada en el silencio del lunes feriado
A dos días de mi cumpleaños
Leyendo un libro contemporáneo
Me encontré la más maravillosa descripción
De ese amor tembloroso y esporádico
Que tan rápidamente
Venció a todos los otros
Haciéndome sentir, aunque sea por un día
Ganas de estar viva.
Quizás por eso ahora elijo mis cicatrices.
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