martes, 18 de agosto de 2015

"¿Por qué tanto énfasis en tu cumpleaños? Es un día como cualquiera."

Cuando tenía 5/6 años, yo jugaba en la quinta de mi padrino Miguel, uno de los hombres más buenos y maravillosos que he tenido el placer de conocer, cuando, en la corrida, tropecé sobre un pozo de agua. No sé que acción divina ni que reflejos sobrenaturales llevaron a mi tío a justo estar mirándome, pero en un rápido movimiento logro manotearme la ropa y depositarme en la tierra firme. El pozo estaba abierto y mi caída en él hubiera implicado una tragedia familiar (no es por megalomanía, pero yo creo que la muerte de un niño es una tragedia familiar, y en ese momento era eso, una niña). Ese día no recapacité sobre lo cerca que había estado de terminar mi vida, habiéndola apenas empezado, pero jamás de los jamases olvidé ese día. En la quinta de mi padrino tengo unos recuerdos super felices, uno de los pocos lugares donde pude disfrutar mi infancia. Pero jamás me olvide de ese pozo, de la fuerza del brazo de mi tío rescatándome de un abismo, de su cara de consternación y miedo, de mis lágrimas de confusión absoluta. Con los años reflexioné mucho sobre eso, y mis diferentes encuentros con la muerte me remitían a ese momento de mi vida donde un capricho del azar había decidido que yo iba a seguir viviendo. Llegué a ver a la muerte a los ojos, y empezar a conocerla no como ese ser maligno que nos arrebata la vida de quiénes amamos, sino como un paciente acompañante, siempre a nuestro lado, que espera silenciosa el momento justo donde nuestro hilo llegaba a su fin. Llegué a respetarla y a entenderla, a recibirla con alegría, a insultarla por tanta injusticia, y a rogarle que llegara antes. Pero ella no se guía por los caprichos humanos, y quiero creer que castiga con mano dura a aquellos que pasan por encima de ella y deciden sobre las vidas de los demás.
Pero aún así, para mí estar viva es una victoria que se tiene que alcanzar todos los días. Y un cumpleaños también es, de cierta forma, una manera de alcanzar la victoria continua que implica vivir. Pasé tantos años contando los días, las horas para irme de un lugar, para cambiar de vida. Pasé tanto tiempo maldiciendo mi existencia y deseando haberme caído en aquel pozo oscuro y horrible que se veía mucho mejor que el pozo oscuro y melancólico de mi niñez, que estar acá hoy, viva, con un sueño que a pesar de los embates del destino ha sabido mantenerse a flote en el océano tempestuoso que es mi cabeza, que no encuentro otra manera de transcurrir mi cumpleaños que no sea celebrando, todo el mes si hace falta, con tres tortas, con infinidad de chocolates, para homenajear a toda la gente que representa el brazo de mi tío que me salva de mi propia oscuridad, para homenajearme a mi por haber llegado hasta acá, por no haber sucumbido cuando ya no me quedaban fuerzas, por haberme resistido a una ciudad y a una vida que me hacía mal y por haber intentado ser algo diferente, ¡Y POR HABERLO LOGRADO! Aunque sea fragmentariamente.
Y si, estoy exagerando, la vida no es tan así, la muerte no es tan así, entiendo las diferentes perspectivas y nadie tiene porque verse obligado a compartir mis ideas o sentirse mal o raro (???) por no verle la importancia que yo le veo. Pero realmente, señoras y señores, no hay mejor manera de transcurrir agosto, el mes en que nací hace 22 años, que celebrándolo.
Porque por momentos creí que no iba a ningún lado, pero ahora se que voy siempre hacía la luz.


*Mañana 19 de Agosto*

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