miércoles, 10 de diciembre de 2014

Ese grito de gol

Silencio sepulcral
La noche llena de estrellas
Las lucesitas de las casas
Nubladas por las cortinas
Los ojos que se esfuerzan por no pestañear
No vaya a ser que se pierda algo
Los dedos entrelazados
Los dientes apretados
Hasta las mascotas
Se han silenciado
Para no molestar
Hasta la prima más distraída
Se sentó en el sillón a mirar
Todas las teles prendidas
Entonces
En una secuencia de segundos largos
Pesados.
Las manos se encaraman,
De tanto que las aprietan
Las rodillas se preparan para el salto
El delantero patea un centro
Que atraviesa todas las cabeza
Menos una, que la intercepta
Y redirige la pelota al gol
Luego de semejante silencio
Se viene el gol.
Desde el balcón
El murmullo inunda la calle
Hace temblar las ventanas
Una sinfonía de emoción
Con todas las voces desordenadas
No se escucha otra cosa
Que no sea ese grito de pasión
Un sabor de victoria tan argentino
Que cuando hay partido
Ni los autos se sienten.
Después de esos segundos bramidos
Donde el clamor de los festejantes domina la noche porteña
Vuelve el silencio,
Los ojos que no pestañean
Los dientes apretados
Y las manos entrelazadas
En esperanza de otro gol.

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