La rosa florece.
Y en el pueblo
Nosotras también
O así debe ser
El vientre fértil
Siempre debe ceder
Y con nuestra sangre
Llega el deber
En ese momento
Dan igual nuestros deseos
Nosotras siempre cedemos
En las estepas
Nos obligan a dar a luz
Acostadas
Humilladas
Aunque siempre es mejor hacerlo de pie
No hay dignidad ni placer
Y toda nuestra vida
Es una eterna obligación
Mientras los hombres se entregan
A los placeres y la diversión
Y al marchitarse nuestros cuerpos
Por la violencia y el dolor
Nos desprecian en silencio
No somos dignas de amor
Llevando nuestros retoños
Hijos de la violación.
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