Hay dos cajitas sobre la mesa. Son chiquitas y no tienen muchas cosas adentro, pero son valiosas. Porque una es mi cajita, y la otra es tuya.
Yo te quiero tanto, yo te veo feliz y solo puedo sentir felicidad. Yo te vi triste y deseé bajar todas las estrellas para poder sacarte una sonrisa. Yo me la juego todos los días por la gente que amo.
Y desde el día que te conocí que sentí que te iba a querer mucho.
Me puse re feliz el día que agarraste tu cajita y la pusiste junto a la mía, me sentí orgullosa. Yo me sentía una persona fea, mala. Y que me acercaras tu cajita, para compartirla con la mía, me hizo sentir que era buena, que había gente que me consideraba una persona digna de compartir sus cosas conmigo.
Pero cuando las cajas estuvieron sobre la mesa, me di cuenta que algo andaba mal.
La mía estaba bastante más vacía que la tuya, pero había cosas valiosas, y yo te las daba con todo mi amor, las pulía antes de dártelas, para que vieras que yo podía brillar mucho. Y al principio no necesité sacar de tu cajita, me bastaba ver como brillabas vos.
Pero un día realmente necesité usar tu cajita, pero le habías puesto llave y nunca me avisaste. Y cuando quise volver a sacar cosas me investaste alguna excusa.
De repente mi cajita estaba vacía, y la tuya llena, rebalsaba tanto que no podías cerrarla.
Me ofreciste las sobras, pero yo no quería conformarme con lo que vos ya no necesitabas.
Para entonces ya me sentía vacía y defraudada.
No quiero recuperar lo que te entregué con todo mi amor.
Pero quiero sacarte el acceso a mi cajita.
Porque yo sé que no tengo derecho a sufrir tanto.
Nadie merece sufrir tanto.
Me haré más fuerte
Me llevaré mi cajita a otro lado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario