miércoles, 5 de diciembre de 2012

Cortina de humo

Lloré tanto, que podría hacerse un mar nuevo con mis lágrimas. Padecí tanto que el dolor se volvió un amigo. Me revolqué en mi sufrimiento hasta tal punto que di lástima. ¿Qué se puede hacer después de todo eso?
Levantarse.
Abrir los ojos bien grandes, aprovecharse del insomnio, reventar a los vecinos con la música. Abrir todas las ventanas, sonreír de oreja a oreja. Irradiar una felicidad que nunca volverá a mi corazón.
Negar la realidad podría llegar a ser una buena manera de cambiarla. Eso decía Adorno. Eso no me lo olvido.
Quizás he sacrificado una amistad incipiente, quizás he creado nuevas cicatrices en las viejas relaciones. Lo más probable es que yo no vuelva a ser la misma. Lo más probable es que haya perdido mi pureza pero...
Pero solo queda mirar para adelante. Porque tengo un legado que cuidar, tengo un nombre al que honrar. Tengo un ejemplo que dar. Y mientras tenga todas esas cosas en mi mochila, mi enorme mochila que se ha llenado hasta explotar. Mientras tengo eso a cuesta mío, tengo una razón para brillar y soñar y ser algo.

Y seguir.

Tiene que haber un mundo mejor detrás de la cortina de humo.

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