jueves, 6 de diciembre de 2012

Con orgullo.

Es gracioso. Creí que el dolor no se iba a ir nunca. Pero ahora hay como una fuerte anestesia en mi cuerpo. Sigue habiendo enfermedad y padecimiento, pero bajo una fuerte morfina, que me permite reírme como si nada. Lo que más me gustaría es que ustedes dos dejaran de odiarme. Se que uno me va a perdonar y vamos a seguir siempre. Y se que perder la amistad del otro no es relevante. Pero siendo una persona tan increíble, no quiero que en su corazón quede un recuerdo tan trastornado de mí. No puedo pedir ni rogar, ya no puedo hacer más que alzar la cabeza orgullosa, aunque se me caigan las lágrimas, y seguir. Solo seguir, remando en este mundo asqueroso en el que me metí.
He aceptado bien firmemente que me lo merezco. Que esta tortura está justificada de alguna manera . Como la lección más grande de mi vida.
Aunque el dolor de cabeza sea fuerte, aunque haya perdido respeto, aunque me haya tropezado y roto todos los huesos, tengo que seguir.
Por el camino de Nanahuatli, a través del desierto, con los pies secos y quemados por la arena, con el calor secándome los labios, con el cuerpo magullado y desnutrido. Así debo seguir, quizás con suerte, quizás con la mejor de las suertes, encuentre a Thungur, el guerrero, y seamos felices.
Mientras tanto, a padecer, pero con orgullo.

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