lunes, 29 de junio de 2015

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El deseo de suicidio me invadió como una puñalada. Como si ya hubiese dado la estocada. Después reflexioné, y me di cuenta que tenía que haber otra manera, otra solución; todavía no sabía cual era. Todavía no sé cual es. Desde el momento en el que te dije que era mejor que no nos viéramos mañana, me arrepentí. Pero sé que es lo mejor, que no veas lo peor de mí, porque claramente no lo podés tolerar; cuando te conté todo lo que sentía, no supiste que decir. Y ahí supe, aunque no disminuyó mi angustia, que lo mejor era que no nos viéramos; porque claramente, no sabías que decir.
Y ahora estoy mirando comedias, para no matarme. Y me estoy riendo, con las lágrimas todavía salando mis mejillas.
Sinceramente se me acabaron las palabras. Me paré en el balcón con el deseo de que todo se terminara, de que todo en mí muriera,
Pero nada en mí se murió. Y el tiempo sigue pasando, acá estoy yo.
Asfixiándome, pero respirando.

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