Mamá me dijo que todo lo que necesitaba era amor. Que era todo en la vida, que era la respuesta a cualquier desidia, que la luz te iluminaba con tal fulgor que jamás tendrías miedo. Lamento decirte que mamá mintió. No hay tal cosa como un sentimiento perfecto que no te traiga de vez en cuando algún malestar. Y aunque vos le creas igual, la realidad te golpea más fuerte, cuando querés abrazar a una persona que no te puede devolver el abrazo.
Por eso, yo no quiero amor. Ese amor encadenado y asfixiante, celoso y arrogante, que todo lo que quiere es controlarte. Yo quiero ver tu sonrisa cuando el frío es más crudo, esa alegría que te inunda cuando sabes que se fue la asfixia veraniega. Quiero un abrazo cuando el miedo me abruma.
O tal vez no quiero nada.
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