Quería volar
Así que eso hice
Me despedí de mis zapatos
Los cordones ondeaban en la terraza
Y los veía encogerse de a poco
Mientras el viento frío se me metía en la nariz
Escalofrío que acarició mis pulmones
Separaba los deditos de los pies
Como estirándome
Como queriendo abarcar toda la extensión posible
Con la finitud de mi cuerpo
Y la luz que tantas veces había decorado mis mañanas
Ahora se hallaba frente a mí
Pura, estridente, brillante
Los transeúntes las calles cruzaban
Y todo parecía darles igual
No me veían, ni veían el arrebol matinal
Que tanto me deslumbraba
Y la tibieza del sol
Me recordó a un largo alivio
La arena tibia lamiéndome los pies
Un abrazo inesperado
Y los ojos deslumbrados ante la luz inesperada
Me fui una mañana febril
Mientras la rutina se iniciaba
Millones de hormiguitas danzando
Atrapadas en el hormiguero Buenos Aires
Mientras tanto, muy muy lejos
Enredada en la suavidad de las nubes
Yo reía, fresca y viva
Como tantas veces había soñado
Mi sangre palpitaba con fuerza
Era como si tuviera una pequeña estrella dentro
Energía ilimitada para mi corazón
Regresé a la lluvia, a la humedad, al colectivo apretado, a los mensajes sin contestar, al pecho estático, a la sangre acalambrada que descoordinaba mis pasos recién despertados.
Regresé con mis zapatos a la terraza, a mi casa
A mis deudas, a mis retrasos
A la ausencia de esa estrella
palpitante
cuyo fulgor me ayuda a seguir
Regresé con un grito ahogado,
con un suspiro de anhelo cortado
El posterior vacío
Al que me había acostumbrado
pero que seguía sufriendo
Con un silencio sacrificado
Una sonrisa deslucida
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