sábado, 18 de mayo de 2013

Négandome a ser adulto

Las facturas que se apilan. El dueño haciendo chillar el télefono. Yo pensando en otras historias. Yo aliviada por otros contextos. Pero llego a Buenos Aires, y tengo que ser un adulto, tengo que hacerme cargo, poner cara de mala, quejarme y revolear los brazos.
Y la verdad no es lo que yo quiero. Pero parte de esta, mi libertad, depende de todos esos engranajes burocráticos que más que hacerlo andar, entorpecen al mundo. Y aunque me resisto y me quejo, dar pelea es como medio inútil, si pagas fuera de término, te cuesta más, si no haces lo que ellos dicen, te vienen a buscar. Son la ineludible realidad, cruda, asquerosa y violenta, que te prepotea y siempre,
Siempre...
Te quita más.

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